Diario de una psicoterapeuta Día#9: el diablo está en los detalles
- mariasanhuezasilva
- 10 dic 2021
- 4 min de lectura

El diablo esta en los detalles, ¿lo has visto?
Este año más que nunca he podido corroborar y sentir que lo pequeño vale lo que lo inmenso en nuestro corazón, que es de pequeños gestos que nos forjamos felicidad o sufrimiento, y que lo grande está hecho de pequeñeces.
Pregúntate sino por tus relaciones, mira con detenimiento de qué esta hecha la “felicidad” que experimentas, ¿no son sino momentos?
Mientras te escribo, querida amiga, me tomo un té y como un pequeño biscocho hecho por mi con lo que encontré en casa. Mi pequeño hogar huele a ralladura de limón y dulzura, mi gata duerme en mi cama y mi cuerpo se siente tranquilo mientras miro estas letras y siento un calor suave en mi estómago. Aquí se construye lo que podré decir también. Lo que alcanzo a abrazar de esta realidad que soy no sale sólo de mi cabeza, surge mucho más de mi sentir, de mis sentidos, de mi intuición, de este cuerpo que respira el aroma dulce de mi hogar y conecta con su propia seguridad interior.
Pequeñeces. Detalles. Un momento y después otro.
Cuantas veces hemos pensado que, si no hubiéramos dicho tal cosa, si no hubiéramos hecho tal gesto todo hubiera ido por un carril distinto. Así como una sonrisa y una interacción gentil con alguien nos alegra el día o un conflicto nos amarga. El poder de lo pequeño nos sonríe día a día y puede que te pase desapercibido. En una cultura donde todo es rápido, virtual, prefabricado, esperamos grandes cosas y cambios, pero desconocemos el potencial transformador de lo pequeño.
Por ejemplo, nuestra respiración. Cosa pequeña, invisible para muchos, es una fuente inagotable de salud y conexión interior. Hasta una practica espiritual puede llegar a ser si pones tu cuerpo y corazón en ello. Es algo pequeño, ¿en que puede cambiar mi realidad?, pues en tanto. El cómo respiramos determina y modela gran parte de nuestra experiencia emocional y por lo tanto mental, así mismo determina la salud y oxigenación de nuestro cuerpo, es decir, nuestra vitalidad. El flujo de nuestra energía esta muy vinculado con nuestra respiración. Una respiración corta y apretada es muy distinta a una profunda y relajada, nos traen al cuerpo sensaciones, hormonas, memorias emocionales y recursos muy diferentes. Por lo que hacerse amigo íntimo de tu respiración puede darte viajes y posibilidades tan profundas como inimaginables. Es pequeño, pequeño gesto que nos lleva a espacios tan grandes.
Cuando abrí este escrito, conectaba principalmente con lo que he estado profundizando conmigo este último tiempo. En el cómo y desde dónde hago cada cosa, me relaciono conmigo, con los demás y con la vida. Me di cuenta de que pasaba tantas cosas por alto, tantos “detalles” que a la larga envenenaban o embellecían mi vida, mis relaciones, mi trabajo. Y si, estar en lo pequeño, en el detalle toma tiempo y atención. Requiere dedicación y paciencia. No quita eso que mire lo global y sepa distinguir el proceso. Y aún así me detengo, me detengo a escuchar con atención a mi amigo, me detengo a mirar el cielo, a preparar con atención mis alimentos, a acariciar a mi compañero, a peinarme, a escribirles.

Sé que ahí radica una magia que este mundo engañoso de velocidades sin tiempo de la mente moderna nos roba. Sé que ahí esta la oportunidad para estar conmigo, para sentirme segura en lo que sea que vaya viviendo, en cada cosa que hago, en cada relación, conmigo, con los otros y con el mundo.
Y es que no es fácil parar. Creo que la velocidad y la sobre estimulación -multitasking- se han convertido en formas muy específicas de disociación de nuestro sentir, de los ciclos y ritmos propios. Se nos demanda rapidez, eficiencia, efectividad y productividad. Eso es el regalo de la era industrial que, al día de hoy, con el ritmo tecnológico esta llegando a una demanda aberrante y alienante de lo humano.
Ser humano es estar presente.
Ser humana es estar sintiendo, momento a momento en lo que estoy.
Ser humano es vagabundear mirando las flores del camino.
Es caminar bajo la lluvia escuchando música y sintiendo el frio.
Es tomarse tiempo en bañar al niño y contarle un cuento antes de ir a dormir.
Es hablar por horas de lo que amamos.
Ser humano es darse tiempo al ritmo del sentir, porque somos seres sintientes. Y ser un ser sintiente tiene una potencia y profundidad que no alcanzo aún a dimensionar y no creo que pueda ponerlo sólo en palabras.

Mi té se va enfriando y pasan melodías suaves de piano a mi alrededor, va cayendo la tarde afuera y el viento mece los arboles de la vereda del frente. Mi gata sigue durmiendo y me pregunto si habré podido transmitirte la potencia que tiene atender a eso que llamamos detalles. Hay un dicho que reza “el diablo (dios) está en los detalles”, lo he escuchado en las dos versiones y me parece hermosa la contradicción que sin embargo refuerza lo que te he estado compartiendo. En eso que llamas detalles los magos hacen su magia, los artistas construyen su mundo. El amor y el dolor se gestan en detalles. Por allí se cuela la dulzura o la amargura de tus días y así se forja tu salud, tu carácter o tu adicción.
Ojalá mañana cuando te despiertes antes de saltar a la vida en una rápida sucesión de acciones mecánicas, automáticas y sin sentido, empieces a sentir cada cosa, cada gesto, cada acción como un detalle precioso donde posar tu atención, donde desarrollar tu magia, donde crear tu hermoso arte, donde depositar tu amor.
Ojalá, tu vida este llena de pequeños y hermosos detalles que sellen una obra maestra en tu última respiración.
por María Sanhueza Silva



Comentarios