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Diario de una psicoterapeuta Día#16 : decir ¡basta!



He roto el hechizo.

La mordaza cayó al suelo y ya no pude callar.

El fuego incendió mi casa, mi corazón ardiente iluminaba los restos de un naufragio, el de mi infancia, el de mis miedos, el de los pactos secretos con lo intimo, con esas fuerzas inconscientes que como marejadas oscuras una y otra vez me habían hecho su esclava.

He roto el hechizo, aunque ha sido un regalo de los dioses.

Me han dado una nueva voz.

He quedado sola en un silencio profundo, uno en el que se ve la realidad, triste, dolorosa, cierta. Es necesaria esta tristeza, este vacío.

Es necesario.


Descubrí que ya no tengo miedo, que es necesario plantar un pedazo de limite. Decir que ya basta.

Así se rompen los hechizos, esos cuentos sobre lealtades que sólo cortan el aliento, encierran la verdad en una cajita de zapatos debajo de cama, para mantener todo tal como siempre, para seguir un camino de inconsciencia.


Me siento navegando mares de noche, de pronto me he quedado con una brújula pequeñita que palpita en mi pecho como un pajarillo nuevo.

Sé que es por aquí aunque no vea nada.

Hay caminos que se hacen desde la valentía, desde la incomodidad, desde el aprecio por lo que se es, por la convicción de estar guardando un tesoro, de protegerlo. El tesoro del respeto, de la vulnerabilidad, de aquella semilla que debe ser resguardada.




Esta muriendo una que fui. He venido ha muchos funerales este último tiempo. En pocos años he muerto varias veces. Hoy se mueren relaciones, relatos, acuerdos tácitos que sembraban la desilusión, la manipulación, la vergüenza.

Hoy han muerto los pactos que entregaban nada a cambio de todo.

Hoy ha muerto la que quería ser querida a cualquier precio.

Hoy se muere algo que ha estado tan enquistado en mi estructura que me aferro a esa brújula pequeñita para seguir escuchando su latido, para alimentar su llama que me habla con la voz de mis abuelas, de mi madre.


He hecho lo que ellas soñaban y no podía.

He dicho la palabra que ellas sólo deslizaron entre sus acciones valientes, sin poder realmente pronunciarla.

He revelado algo sutil y profundo que torcía el amor entre los míos.


Y aquí estoy.

Otra vez en este mar sin olas, en esta tarde quieta, sintiendo algo nuevo, un vacío. Un latido tras otro.

Podría ser sólo el eco de la condena que tantas veces se repitió en silencio para que no pusiera mi verdad.

Podría ser sólo la tristeza de que las cosas no hayan salido como esperábamos.

O tal vez, tal vez es mi propio fuego crepitando suave entre mis venas, haciéndome sentir viva, en mi lugar, a salvo aunque afuera ruge la tormenta.





Si, es mi fuego. Y la voz de mis ancestras diciéndome “tú puedes”.

Tú puedes confiar en tu criterio.

Tú puedes decir basta.

Tú puedes definir la senda que esta trazada en tu corazón.

Tú puedes escuchar tus instintos y defender lo que es sagrado.


Y aunque nadie lo vea, aunque aquellos que decían quererte te den la espalda, tú puedes ser tú.


maria




 
 
 

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