top of page

Diario de una psicoterapeuta #Día 6: Deseo cambiar




Cuando descubrimos que deseamos un cambio en nuestra vida eso suele implicar que algo en nosotros ya ha cambiado o se está transformándo dentro de nosotros. Una nueva forma de sentirnos o tal vez simplemente un malestar -grande o pequeño- nos señala una puerta, la herida, el lugar que será la llave para nuestra nueva forma, para eso nuevo que queremos ser o sentir.


El cambio, entonces, es un devenir, un soplo que ya trae su realización potencial y que vibra cambiándonos sin saberlo.


Quien ha estado en esta encrucijada sabe que algo empieza a golpear dentro, y digo “golpear” intencionalmente, ya que puede que empiece como una llamada en pequeñas cosas, pero la mayoría de nosotros estamos demasiado sordos a ese tipo de llamadas, ocupados, distraídos, intoxicados. La llamada que golpeó a mi pecho a mis 28 años no me dejó en paz hasta los 30, cuando me decidí a escuchar y supe que necesitaba cambiar. El dolor, el cansancio y el miedo me estaban permitiendo, al fin, escuchar lo que hasta entonces me había sido imposible atender.


En realidad, mientras te escribo querido amigo, me doy cuenta de que las llamadas empezaron antes, a mis 27. Era mi cuerpo pidiendo atención, para que dejara de mirar afuera. Y en esa época hice lo que pude y eso que hice sembró otros deseos y futuros cambios. Fue la época en que dejé de tomar pastillas para regular mi ciclo, empecé a hacerme una terapia de masajes profundos, dejé poco a poco de fumar e integré el movimiento a mi vida cotidiana. Entré a estudiar teatro, lo que era un sueño largamente anhelado y ahí, justo ahí, una gran revolución comenzó.


Esos cambios pequeños y grandes abrieron después la puerta a cambios más significativos, que trajeron muchas transformaciones, perdidas, logros y nuevas posibilidades. Por momentos todo me parecía aterrador, difícil, incómodo.


Es entonces, cuando ese devenir del cambio te toca, te mueve y como una experiencia viva espera de ti respuesta. Espera y espera hasta que tú puedas darle algo: atención, decisiones, movimientos, transiciones, acciones.


Así descubrí que si surge el deseo de cambiar es que un movimiento de cambio ya se ha iniciado en ti, las preguntas que siento inevitables son ¿estás dispuesta a responderle? ¿te atreves a seguirlo hasta el fin?.





Si nos atrevemos y aceptamos lo que se esta moviendo en nosotros, si puedes mirar ese dolor, incomodidad o frustración y tener el valor de llamarle por su nombre… entonces has aceptado que la magia del cambio comience a fluir en ti y a tu alrededor.


Yo deseaba muchas cosas que no me había permitido ver o nombrar: deseaba sentir mi cuerpo sin hormonas que lo anularan, deseaba dejar la rigidez que se apoderaba de mis hombros y cuello, deseaba expresarme abiertamente, aunque me muriera de miedo y deseaba ser vista y crear. Seguí paso a paso esos deseos, atreviéndome a ver que traían a mi conciencia, preguntándome qué me mostraban de mi y de mi historia, de mis heridas.


Ese portal de cambios de mis 27 años, hoy a mis 45, lo veo como una fuente. Una fuente que abrió la valentía de seguir una voz bajita que me susurraba, a veces respondiendo superficialmente, hasta que mi propia coherencia interior me llevo a los 30 a entrar más directamente en la herida y aceptar mi anhelo espiritual. Del cuerpo al alma fue el camino, y hoy ese camino sigue ondulando y haciéndome viajan más hondo: del alma al cuerpo, del cuerpo a la herida, de la herida al alma, del alma a la vida y así.


Hoy nos quieren vender cambios instantáneos: en nuestro cuerpo, estilos de vida, trabajo, relaciones, etc. Y no hay tal cosa, cualquier portal de cambio que abras te traerá otras cosas, otras heridas y limitaciones que son necesarias mirar, depurar y transitar con conciencia para que haya una verdadera transformación, una que te haga verdadero sentido y que puedas sostener. No una máscara de cambio, no una fachada de culpa y esfuerzo que se caiga ante la primera dificultad.


Quizás entenderíamos mejor el ritmo de los cambios si reconociéramos como la realidad de la vida es movimiento y continua transformación. Quizás así seríamos conscientes de que en realidad la vida siempre nos está invitando a cambiar, a movernos, a dar un paso hacia nuevos territorios, tal y como nos muestran los propios ciclos de la naturaleza.

Al estar en ésta apertura y escucha descubres que nada permanece de la misma forma para siempre:

Ni tu cuerpo

Ni tu trabajo

Ni tus relaciones

Ni tu vida

Puede que desde la ignorancia y la inconsciencia creamos que todo sigue igual, pero eso no es más que la inercia de nuestra propia herida que nos congela en un espacio donde la vida deja de tocarnos con su movimiento, con su flujo. Ese flujo de vida- muerte – vida, nos cuentan las viejas historias de transformación, ese ciclo repitiéndose una y otra vez dentro de ti y fuera de ti. Muchas veces lo que nos falta es la valentía de abrazar la muerte, o de volver a la vida, quien sabe.


Por eso aparece el dolor y el malestar cuando nos rigidizamos y nos resistimos a ese movimiento. Intuyo que esa rigidez es la marca del miedo, del trauma, es la huella del pasado y si nos quedamos en ese relato dejamos de ver que el cambio esta ahí como una posibilidad permanente, como una invitación a la sanación.


Hace no mucho leía por ahí: “si basta un momento para morir, entonces basta un momento también para cambiar”.





A veces sentimos que tenemos que hacer grandes movimientos para inclinarnos hacia el cambio que deseamos y, otras veces, la vida nos da un golpe brutal haciendo girar todo en 180 grados. Esos grandes cambios nos desafían a sostenerlos en el tiempo, a hacer de ellos un fluir de pequeños gestos que lo corroboran y lo encarnan en nuestros cuerpos, en nuestras relaciones y cotidianidad.


Por esto, es verdad también, que podemos avanzar en el flujo del cambio sosteniendo poco a poco, día a día, pequeños cambios. Probablemente eso es lo mas respetuoso y sincero que podemos hacer. Las grandes transformaciones suelen ser resultado de ese tejido hecho a mano, antes o después, siempre conscientes para que echen buena raíz en nuestras vidas.


De todos modos, ambas formas del cambio, grande o pequeña requieren la dedicación de un artista o de un amante, a fin de que florezcan y enraícen en nuestra vida, que se hagan cuerpo y acción cotidiana.


Sintiendo y observando todas estas cosas que te comparto, querida amiga, es como un día entendí que que cuando aparece el anhelo del cambio es la invitación del amor lo que estas escuchando. Ese amor que se ejecuta en el tiempo, la presencia y la paciencia sobre lo que hacemos y lo que somos.

Es finalmente una invitación a tratarte como sueñas o como has soñado que otros te traten.


Y cuando te sientes mal y estás sufriendo, quieres que todo cambie de una vez ¿no ves que ese sufrimiento es señal de un cambio? …algo en ti quiere moverse y no puede, no cabe, te necesita, necesita tu participación. ¿Será que estás esperando que el cambio venga desde afuera como una fuerza salvadora?


Cualquier cambio requerirá a la larga tiempo y dedicación. Atención. Desarrollar la perspicacia para distinguir lo que sirve y lo que ya no. Lo que es basura de lo que es alimento.


Y luego, luego amigo querido, almas bellas, luego es el día a día.

Recordar el propósito que nos guía en nuestro cambio y sostener las convicciones que el cambio o el dolor han revelado.

Cultivar la paciencia para reconocer y actualizar los viejos hábitos por unos que respondan a nuestro propósito y convicción interior.


Y mucha compasión cada vez que nos veamos “en lo mismo de siempre”. Porque no es lo “mismo de siempre” sino que es el retorno de lo viejo invitándonos a confirmar lo nuevo.


Recordar que es un proceso, puede hacer que tu perspectiva se ajuste y facilite que vivas cada paso como un hermoso y único momento de revelación

de amor a ti misma

de confianza en tu visión

en el jardín que estas forjando en tu interior.


Tanto para quienes han sido llevados por fuertes circunstancias a cambiar, como quienes descubren en su interior la necesidad de generar un cambio necesitarán día a día VIVIR eso que han descubierto que quieren. Integrarlo al cuerpo y a la conciencia es un CAMINO, no una meta.


Así es que, mis queridos lectores, tengan paciencia, reconozcan su propósito y disfruten del viaje.


Hay mucho por descubrir, sembrar y cuidar.

Hay mucho por amar en cada uno de nosotros.


por María Sanhueza Silva

 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

GRACIAS POR VENIR

©2020 por Maria Sanhueza Creada con Wix.com

bottom of page