Diario de una psicoterapeuta #Día 5: Rápido y fácil
- mariasanhuezasilva
- 4 nov 2021
- 3 min de lectura

Rápido y fácil, la promesa más venenosa, una pequeña frase pegajosa que brilla por doquier llamándome a dejarme caer ahí, en la rapidez, en lo supuestamente fácil.
Ese es el anzuelo tentador para nuestras partes heridas, para el ego que quiere conseguir cosas y trofeos en estos tiempos de redes virtuales de afecto y comunicación.
Rápido y fácil es justo el camino contrario de una vida con alma.
Lo vi por mi misma este último año en mi trabajo en las redes sociales, en mis relaciones. Lo he visto con mi escritura, con ese don creativo que hoy me reclama con más profundidad y silencio que nunca.
Lo he sentido en mi cuerpo y en las revelaciones que me regala cada día, generoso.
Así es que me hago cargo y vuelvo al lápiz y al papel, a la antigua. Vuelvo a la música y la escritura a solas, con tiempo, con horas y días sin decir de estas palabras a nadie.
Me doy el tiempo de la lentitud, para hacer espacio, para escuchar más hondo.
No es posible volver a sentir en la inmediatez, estamos bombardeados por estímulos continuamente. ¿cómo escuchar las sutiles sensaciones de cada día? ¿cómo abrirme a sentir el paso de las cosas, las personas las palabras en mi cuerpo, en mi alma, sin ese tempo?
Elige con atención, tu cuerpo esta presenciando todo, todo el tiempo.

Me he cansado de la vida instantánea.
También de los polvos y recetas mágicas que dicen tener para hacernos unas vida feliz y cómoda. Estoy harta porque es mentira, porque nos quitan lo más valioso e inútil que tenemos, nuestra preciada presencia. El ocio y la rítmica vida de los ciclos. Allí, en ese viaje con tiempo y espacio, hay posibilidad también para lo rápido, pero seguro será sólo un momento, no la tónica de la vida.
Fácil y rápido me venden como slogan para enfrentar mis tareas creativas, para elegir un patrón de crochet, una plataforma de parejas para encontrar el amor, una página web para traerme comida. Fácil y rápido para construir un hogar y un montón de cosas más.
Mi aventura de vida me mostró que ahora mi alimento está en lo lento, en lo dedicado. Fácil o difícil, no lo sé.
Puede que este sea sólo un juicio que surge sobre todo desde nuestras heridas y el miedo a equivocarnos, de la dificultad para estar amorosamente contigo en cada cosa que haces. Puede que eso que sentimos difícil surja sólo de una percepción distorsionada por nuestra propia prisa, nuestra poca paciencia, nuestro miedo a estar con lo que vivimos y aceptar el ciclo de la vida, con sus muertes, con sus ocasos, con su caducidad.
Yo estoy aprendiendo a quedarme.
A hacerlo lento, a estar presente.
Mi viaje a tierras lejanas finalmente me reveló el lugar donde quería estar, el sueño donde mis huesos podrían entregarse y cantar. La guía que había sido trazada en mi corazón hace años hoy se confirma y veo cuales son las cualidades que requiero para que el sueño se materialice.
He sido una persona impulsiva en mi vida, he saltado a los cambios y travesías con el ímpetu propio del carácter de una joven ansiosa y temerosa, que hace de la valentía un camino y también una defensa. Por esto, recién ahora en mis 40, le tomo el peso a la mirada que se requiere para iniciar cualquier travesía, para caminar con conciencia y amor transiciones vitales.

Así, afirmo que es dedicación más que esfuerzo lo que mi sueño me pide, y esta diferencia es significativa porque me señala que el lugar desde dónde me dedico es importante. Hacer desde la presencia, el amor y la paciencia es muy distinto a hacerlo desde la fuerza, desde la presión y la exigencia que el esfuerzo le imprime a la experiencia de la vida.
Rápido y fácil es lo que ya no quiero en mi vida.
Quiero mirar a mi alrededor la vida crecer, prosperar, cambiar y morir.
Quiero dar los pasos hacia mi muerte con apertura y atesorando los simples acontecimientos de cada día.
Quiero cuidar mi presencia en lo que doy, para que sea el testimonio de mi paso por esta tierra, por mis amigos, por mi familia y por la comunidad de la que formo parte.
Quiero descubrirme en una pertenencia a escala humana, hecha a mano, con la suma de los días.
Yo quiero una vida lenta, para reconocer que el tiempo se nutre de presencia.
por Maria Sanhueza Silva



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