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Diario de una psicoterapeuta Día#12: he vuelto a casa




He vuelto a casa.

¿Y qué es volver a casa? Sino mis huesos sintiéndose a salvo, mi corazón profundo y sostenido, mis pies queriendo echar raíces.

Qué es volver a casa sino encontrarse al fin con uno mismo, mirarse en el espejo del alma y decir que sí a la travesía más honda, la que no tiene mas ruta que los pasos que se van fraguando desde dentro, con intimidad y confianza, con extravagancia y silencio.


Volver a casa puede tomar la vida entera y de alguna forma, de eso parece tratarse a veces la vida, de descubrir la ruta exacta hacia el centro de si. Lo demás, las cosas que hacemos en el mundo, con los otros, sino se van vinculando y tejiendo con esa ruta intima parecen perder sentido, importancia y vitalidad. Al menos pasados mis 30 años la vida con su maestría me empezó a revelar esta enseñanza.


El tema de volver a casa se me ha vuelto cada vez más central y no es de extrañar. Mis experiencias vitales por la separación de mis padres, el asesinato de mi madre y el continuo deseo de pertenecer que experimentamos los seres humanos, más allá de ser experiencias dolorosas y traumáticas, se convirtieron en un motor de búsqueda interior de ese lugar, ese añorado lugar donde sentirme vista, querida, en paz.


Junto con esto, la tendencia a viajar y buscar en otros lugares aquello que no encontraba, una sensación entre insatisfacción y anhelo, me habla también de una herida con la pertenencia. Una herida que tardé mucho tiempo en descifrar en mi cuerpo y no sólo en el análisis mental que como buena psicóloga lograba, a veces, identificar. Esto porque mis propios mecanismos inconscientes me tapaban los ojos, la boca y el corazón de mis propios insights.





He vuelto a casa.

Mirarme como extraña, sentirme satisfecha. Al fin puedo sentirme desde otro lugar, y aún así el desafío continua aunque esta vez con certezas.


Ahora bien, la pertenencia es también de alguna manera el viaje de la individuación, el pulso del alma que nos empuja a encontrar lo que es verdaderamente nuestro, nuestro lugar no sólo en el mundo sino también la pertenencia a nosotros mismos, a nuestras experiencias y heridas, al potencial y al desarrollo de la confianza en aquella pertenencia mayor que toca lo espiritual y lo humano.


La frase entonces “he vuelto a casa” es de un significado mayor y profundo porque he vuelto a la casa de mi cuerpo, a la casa de mi sentir, a la casa de mi conciencia.

He vuelto a mi tras miles de kilómetros, 3 decenas de años, tras infinitas relaciones.

He vuelto a mí con mis heridas, con mis vínculos, con mi profundo anhelo de amar y de ser amada.

Y este volver me ha permitido reconocer en ese anhelo, el amor más profundo del que está tejido mi piel, mis actos, mi devenir en la tierra.


No me parece banal ni personal cuando afirmó que he vuelto a casa. Habla de mi viaje como psicoterapeuta y como ser humano la vuelta a ese lugar en donde puedo reconocerme a mí misma incluso en mi otredad, en mi alienación, en mi ignorancia, en muy profunda inconsciencia y en mis disociaciones.


El camino de la coherencia no es el camino de la perfección, es el camino de la complenitud, del reconocimiento de aquello que nos sabemos, de la presencia de aquello que volverá a nosotros desde lo ignoto para mostrarnos cuán grande es la vida, cuán profundo es el dolor, cuánto aún podemos reconocer de nosotros en esa relación con lo desconocido.


¿Cómo podría llamar a eso personal si es precisamente una experiencia de carácter impersonal? En dónde me encuentro con aquello que es superior a mí, aquello que a la vez puede sacarme de mi.





He vuelto a casa, esta siendo una senda de reencuentro con lo mas vivo en mi, con la responsabilidad de estar presente, de quedarme a sentir cada paso por la casa de los ancestros y dejarla limpia de sangre y polvo, para ponerle flores y reescribir el relato de la que era.


He vuelto a casa es sembrar una pertenencia verdadera con la que soy para encontrarme con otros desde ahí y crear una comunidad de relaciones que se nutra del afectos, vulnerabilidad y verdad.


con amor

Maria


 
 
 

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