Diario de una psicoterapeuta Día#11: me voy a volver una inútil
- mariasanhuezasilva
- 22 dic 2021
- 4 min de lectura

No, no todo esta ahí para ser resuelto.
La enfermedad de nuestros tiempos es volver todo funcional: el cuerpo, el sentir, la espiritualidad, las relaciones, el alimento, el planeta.
Todo esta ahí para ser usado, para ser útil y eficiente. Para que nos beneficie, para que lo podamos controlar.
¡Qué afán tan agotador!¡Qué disposición tan violenta!
Que funcionalistas nos volvimos, de ahí nuestras maquinas, nuestro tiempo veloz, nuestra cultura de lo desechable y lo inmediato. De ahí nuestras relaciones pobres, sin conversaciones, sin profundidad, sin confianza ni respeto. De ahí nuestras sociedades hambrientas de vínculos sanos, de liderazgos presentes, de compañía verdadera.
Vivimos en una cascara de ideologías que cada vez son más vacías, pobres y sin sentido.
Y lo humano está tan cerca de lo inútil, de lo sin sentido.
Con esta belleza que surge simplemente de estar vivo, de conocerse, de hacer de cada día un campo de exploración, de aprendizaje, de donación a la vida.
Quizás por eso morimos de pena, de desamor, de sin sentido, de suicidios lentos y adicciones a todo.

No estamos nunca en nosotros; porque ser, estar, no es funcional.
Aunque han tratado de volverlo algo productivo, con los maridajes de la meditación llevada a todas partes para mejorar nuestro rendimiento, nuestra apariencia, lo que deseamos lograr.
No digo que no sirva para nada. Sin duda, estos acercamientos pueden ser una vía de entrada a la relación contigo, con el silencio, con tu presencia. Lo que digo es que no puede ser el fundamento para el camino de individuación, no es un lugar desde donde se pueda sostener un profundo encuentro contigo, con el misterio de la vida. Simplemente porque el “desde dónde” hacemos las cosas sí importa, y muchas veces más que lo que hacemos.
No puede ser la raíz de todo lo que nos moviliza ese pequeño yo dentro de nosotros que, calculadoramente, se pregunta “¿qué gano con eso?”. No puede ser ese el único referente, guía y señor de nuestras decisiones y acciones. No todo puede ser en la lógica de ganar o perder. Sobre todo, en relación con nuestra vida interna y nuestras relaciones de afecto. No es sano vivir cobrando lo que doy -el amor, el tiempo, el dinero o lo que sea que decida dar-, aunque me lo cobre a mi mismo.
Hace poco conocí una anécdota sobre Jung que ilustra de alguna forma mi punto. Dicen que cuando algún conocido o amigo llegaba donde él a compartirle su triunfo, logro económico o ascenso laboral, Jung se acercaba y le decía que lo lamentaba, que iban a venir tiempos difíciles. Y cuando alguien se acercaba comentándole que había sufrido una perdida material, o había sido despedido o vilipendiado públicamente, Jung decía “brindemos, celebremos, grandes posibilidades se abren para ti ahora”. El aplauso y validación de la sociedad y la cultura son un desafío alto para el alma, ya que engrandecen al ego y pueden dejar poco espacio para sostener lo que de verdad a nuestro ser le mueve, mas allá de los reconocimientos externos. En cambio, para el camino del alma, la dificultad mundana, es una oportunidad para crecer, para madurar y darle espacio en nuestra vida a lo que es realmente valioso, aunque sea inútil esto para las masas.
Ese ser pequeño en nosotros que no tolera el conflicto, la incertidumbre, el misterio y lo inútil. Es el mismo lugar desde el cual tratamos desesperadamente de lograr, controlar y resolverlo todo en la vida.

¿Sabias que la belleza es inútil?
¿Sabias que el no hacer es un arte porque te conecta precisamente con todo eso de lo que arrancamos, porque te deja a merced de ti mismo, de tus voces, de tus fantasmas, del vacío de tu identidad, de esa cáscara que llamamos identidad?
En realidad, no quiero filosofar.
Quiero poner aquí un punto esencial para el camino del ser, el camino de la individuación, ese camino que te propongo hacer para acercarte a ti misma, a ti mismo en un proceso terapéutico.
Y el punto esencial es que lo más agotador y persistente de nuestro pequeño ego es que vendrá una y otra vez a presionar con resolver, resolver lo que se siente en vez de estar con ello, zanjar de una vez situaciones que están allí para ser sentidas, vividas, exploradas.
No estoy sugiriendo una pasividad frente a nuestras circunstancias, sino más bien señalando la falta que nos hace ESTAR EN ELLAS, CON ELLAS Y CON NOSOTROS, antes de ponernos “manos a la obra” y “resolver” lo que sea que “esta pasando”. Toda esa narrativa pragmática deja de lado lo invisible, lo que se siente, lo que no vemos, nuestras tendencias y hábitos inconscientes, el otro y un sinfín de cosas que sólo emergen a la conciencia y al campo de relación si nos quedamos, si sentimos, si observamos, si nos atrevemos a sostener el conflicto, la paradoja, la incomodidad y ver que hay más allá.
Es un tiempo de tanta convulsión, que tan fácilmente nos invita a pasar de largo y quedarnos en nuestras cómodas jaulas virtuales, que sin duda atreverse a estar, a ser, a contemplar puede ser una tremenda revolución interior. Como lo ha sido siempre.
Si, porque lo que te digo aquí no tiene nada de nuevo, no es así.
Ya lo vienen diciendo místicos, maestros, psicólogos, chamanes, y un largo etcétera.
Pues bien, hoy he conversado sobre esto al menos cinco veces durante el día con diferentes personas con las vivo y con las que trabajo.
Me lo he dicho a mi misma cuando me he visto, otra vez, enfrentada a mis tendencias inconscientes de evadir mi responsabilidad de ser precisa al comunicar lo que veo o siento.
Me he dicho: “Sostén esto que tanto te desagrada aceptar. Ahora siéntelo. Ahora ponlo en tu relación y reconócelo, posiciónate”.
¡Vaya viaje!.
Esa sola premisa de estar con lo que nos incomoda, con aquello que quisiéramos resolver y pasar página, es una alquimia poderosa.
Se las recomiendo.
Con todo mi amor.
María



Comentarios