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Diario de una psicoterapeuta Día#14: la muerte nos está mirando

Actualizado: 7 abr 2022




La muerte siempre nos esta mirando. Siempre.

Está allí cruzando la calle, sostenida en un árbol cualquiera, soplando en el viento que por descuido pasa a llevar tu falda o tu cabello.


Ella me mira y me recuerda que está aquí, que es parte de esta vida. Por más que quiera negarlo o sacar cuentas de años y tiempos, ella esta aquí ahora.


Está en las hojas muertas que caen de los arboles y se descomponen lentamente en el suelo. Esta en los huevitos que caen de los nidos antes de abrirse y en los pájaros muertos que nos topamos a veces con asombro en plena calle.

Está en tu basura, en el pelo que encanece, en lo que ya no puedes ver bien, en tu cansancio, en mi pena, en el vacío que no sabemos como sostener.


Ella baila en el pulso de la vida, nos recuerda que hoy estamos aquí y mañana estaremos allá. Un allá que apenas nos atrevemos a nombrar, porque no queremos decir su nombre. Y también porque su nombre es enigma y se lleva muy bien el enigma con el silencio.


Hace poco llegamos al que será nuestro primer nido en este sur hermoso después de nuestra larga travesía. Es un pequeño hogar, con un pequeño jardín que da a un camino aún de tierra y en frente crecen frondosos arboles de más de cuatro metros que se mecen en el viento, rodeados de zarzamoras y flores silvestres.


Durante los primeros días al mirar frente a la calle me pareció ver por la ventana algo blanco que sobresalía entre las rumas de hojas muertas y zarzamoras, no le di importancia.


Pocos días después, al acercarme, me di cuenta que era una calavera de animal.

Me quedé por un momento sin aliento, en el asombro.

Una blanca, limpia y reluciente calavera, todo cuencas sin ojos y sonriente, nos miraba desde el pie de los arboles. Estaba allí puesta como a propósito, a sus pies creciendo pequeñas florecillas azules.





“La muerte nos está mirando siempre”, pensé, la sentí con su calma blanca de huesos, con su silencio blanco, con su presencia quieta en medio de toda esa vida verde y silvestre.


Sentí que estaba bien que nos mirara y nos acompañara. La hemos nombrado nuestra guardiana. Pocos la ven ahí, uno que otro niño curioso, nadie la toca. A penas y se acercan a mirarla.


La muerte nos está mirando siempre, me dice hoy mientras preparo un atado de romero para sahumar en las lunas que vienen. Justo mientras siento como mi propio padre envejece y trato de sentir y tejer la más dulce forma de acompañarlo desde tan lejos en su camino hacia la muerte.


Sé que viviríamos en un mundo distinto si recordáramos cada día que la muerte nos esta mirando siempre, que respira con nosotros y que en cada exhalación ella pulsa en su tiempo sin tiempo, en su mirada de transformación. Las pequeñas muertes de los cambios, del pelo que se cae, de los dientes que se cambian, de los huesos que crecen, las ideas que caducan, de los sentimientos y creencias que desaparecen.


La muerte siempre nos esta mirando, con sus ojos vacíos para que podamos ver la verdad de los nuestros, para que dejemos caer las ilusiones y toquemos la realidad del presente. Sus cuencas vacías nos invitan a mirar hacia adentro y preguntarnos, con discriminación, con el fuego de la percepción despierta, ¿qué es necesario que muera?¿qué es necesario que viva?.


No te pierdas la oportunidad cuando ella aparezca en tu puerta, en una de sus múltiples formas, más o menos amenazante, más o menos cercana. A veces es la muerte con todo su oropel de dolor y perdidas, a veces es algo pequeño en nosotros que necesita terminar y no lo dejamos por miedo o costumbre.





Dale la bienvenida. Crea rituales, despide con cariño y con lágrimas si es necesario, no te apures. Déjala que te hable con su voz de tierra negra, de gusanos, de fuego y viento. Déjala que te libere, que te purgue, que te abrase. Permítete quedar en los huesos y verte tal como eres ante su mirada llena de perspectiva y verdad.


El regalo que deja es de una hondura del porte de tu perdida, una ola de transformación, de vulnerabilidad y dulzura.


con amor

María


 
 
 

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